El cambio cultural que implica desarrollar una estrategia de Corporate Venture Capital

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Dentro de una estrategia de innovación abierta corporativa, uno de los pasos más avanzados es el de crear una estructura para invertir en startups que puedan generar retornos estratégicos y financieros para una corporación. 

Existen múltiples experiencias y estrategias asociadas a las estructuras y tesis de inversión recomendadas, montos y plazos para cada proyecto de Corporate Venture Capital, a nuestro entender, cada caso es un mundo y hay que saber analizarlo para elegir la mejor opción.

Sin embargo, desde la perspectiva cultural, creemos que hay algunas reglas que deben aplicarse a la hora implementar un programa de inversión corporativa, y sin importar el modelo elegido, siempre deben respetarse. Veamos….

Ser inversor minoritario es algo positivo: Las startups del portfolio no son subsidiarias y no debemos intentar controlarlas, los inversores corporativos están para aprender, no para enseñar cómo se hacen las cosas. Si intenta tomar el control o apuntar al “micromanagement” el mercado lo sabrá muy rápido, asustando a futuros socios y alejando potenciales oportunidades de inversión. Por el contrario, hay que “ayudar que te ayuden”, ofrecer apoyo, ser un socio de confianza y el ecosistema volverá a acudir a tu empresa  antes que a tus competidores.

Errar es parte del proceso:  Los errores y las pérdidas son una parte inherente del sistema.  No todas las startups invertidas tendrán éxito y no todas terminarán trabajando con la corporación. Lo importante es aprender de esos errores y mejorar, tanto en la evaluación de las oportunidades como en las mejores maneras de generar oportunidades de integración con las startups

El Venture Capital implica un enorme riesgo frente a otros tipos de inversión, por lo que es esperable que algunas inversiones necesariamente fracasarán. Los write-offs son una parte normal del negocio, no son una razón para retirar fondos de manera anticipada. Lo habitual es que se produzcan muchos write-offs en un primer fondo, sería extraño si esto no sucediera.

Empezar con una hoja en blanco: No se debe intentar imponer sus sistemas o procesos en las startups del portafolio. Al invertir en empresas innovadoras, la corporación está intentando escapar de las propias limitaciones, no promoverlas ni difundirlas. Muchas grandes empresas están tentadas en decir, que lo que ellos hicieron lo llevó a una posición de liderazgo y por eso quieren que las startups aprendan y se adapten. Si así fuera, hubieran desarrollado esos nuevos productos y servicios internamente y no se hubieran tomado el trabajo de invertir en terceros con el riesgo que ello conlleva. La inversión incluye el aprendizaje que uno se lleva de sus nuevos socios.

La flexibilidad para adaptarse y cambiar: La corporación deberá aceptar que al ritmo de las startups es probable que puedan ser necesarios pivots y que la velocidad es esencial al proceso de crecimiento. Se deberán adoptar los conceptos de MVP y Lean Development como parte propia del desarrollo. Y como cuestión más difícil, comprender que es posible que las startups del portafolio no cumplan inicialmente con los estrictos requisitos que se autoimpone la corporación ni sus habituales controles de calidad.

En definitiva, la inversión corporativa en startups implica invertir e involucrarse en negocios que están fuera de la zona de confort de las corporaciones y su management y significa adentrarse en oportunidades que generalmente no se conocen ni se sabe si van a funcionar ni como.

Todo esto implica un “salto de fe” para la corporación, un nuevo mundo con nuevas reglas a las que deberá atenerse, pero definitivamente, este tipo de iniciativas son la mejor manera de limitar ese riesgo, ya que se realizan por fuera de la propia estructura y en organizaciones que tienen mucho menos costos que si uno lo hiciera internamente, por ello es que  la apuesta vale la pena.